Comics y liberalismo: Ayn Rand
31/01/2008
El último lugar en el que yo hubiese esperado encontrarme una mención de Ayn Rand era un cómic Marvel, pero aquí está, cortería del guionista Peter David y el dibujante Dennis Calero. Este extraño acontecimiento ocurrió en el número 8 de X-Factor, publicado originariamente en Estados Unidos en agosto de 2006, y en España en junio de 2007.
No he leído nada de la señora Rand, sólo la conozco a través de otros autores y libros, pero lo que sé sobre ella y su obra hacen que tenga todo mi respeto y admiración, aunque tenga cosas en las que nunca podría estar de acuerdo con ella. No es alguien que hubiese podido relacionar con comics.
Soñar con Maria de Medeiros
31/01/2008
Soñé que estaba en Roma otra vez, pero era una ciudad distinta, irreal, más pequeña, con menos gente y menos tráfico. Yo estaba persiguiendo a cuatro personas, dos hombres y dos mujeres, que iba a poner unas bombas en una calle para destrozar el pavimento e impedir que se celebrase una carrera de coches de época. Ellos iban de un lugar a otro por toda la ciudad, siempre a pie, y siempre que estaban a punto de colocar sus artefactos explosivos, yo los alcanzaba y hacía que huyeran a otro lugar para llevar a cabo su misión, y empezaba a buscarlos de nuevo y los encontraba y huían y la historia se repetía una vez más, hasta que hacia el final de mi sueño llegábamos a una muralla muy alta que se asomaba a un idílico paisaje campestre, todo colinas verdes, sin carreteras ni caminos ni personas, sólo las colinas y la hierba y los árboles, y los terroristas dejaban sus bombas en el suelo y se rendían porque la carrera de coches había empezado ya.
Fue entonces, al ir a detenerlos sobre el adarve de la muralla, cuando vi a una mujer pequeña y de aspecto frágil con el pelo negro y largo que me resultaba muy familiar y que me estaba haciendo señales para que me acercara. Olvidé que estaba haciendo allí, que me había llevado a aquel lugar, me acerqué a la mujer y vi que era Maria de Medeiros, la actriz portuguesa.
Hola, me decía, y a continuación me daba un largo abrazo y nos besábamos.
Te dije que volvería a encontrarte en mis sueños, le dije.
Hace mucho tiempo que te espero, contestó.
Y abrazados por la cintura, nos fuimos a pasear por Roma, olvidando a los terroristas y sus bombas.
Es bonito y agradable soñar con María de Medeiros.
Y escuchar su disco, A Little More Blue.
Isaiah Berlin
29/01/2008
Me produce una gran satisfacción inaugurar estas Jornadas de homenaje a Isaiah Berlin. Y el motivo de mi satisfacción es doble.
El primero, compartir esta inauguración de las jornadas con el profesor José Varela Ortega, presidente de la Fundación José Ortega y Gasset, y buen amigo mío.
El segundo, colaborar en una nueva jornada de homenaje a los grandes pensadores liberales.
La Fundación que me honro en presidir ha organizado en el pasado reciente jornadas de homenaje a Raymond Aron, a Alexis de Tocqueville y a Milton Friedman. Hemos publicado hace pocos meses el libro de memorias de Jean François Revel, “El ladrón en la casa vacía”, con un extraordinario prólogo de Mario Vargas Llosa. Publicaremos en breve la reedición en castellano de un clásico de Milton Friedman, “Libertad de elegir”, y estamos a punto de publicar un libro de la Fundación FAES sobre este mismo autor, padre de la Escuela de Chicago.
Volcados como estamos en difundir las ideas liberales, no podía faltar en el programa de actividades de la Fundación un merecidísimo homenaje a Isaiah Berlin.
Este gran historiador de las ideas no tuvo discípulos directos entre los españoles, pero varios historiadores vinculados a esta casa, como el propio José Varela, Juan Pablo Fusi o Joaquín Romero-Maura tuvieron la oportunidad de tratarle casi a diario en Oxford, a comienzo de los años setenta, cuando trabajaban en sus tesis doctorales, bajo el magisterio de Raymond Carr, en el Centro de Estudios Ibéricos de Saint Anthony’s College.
Fusi describe a Berlin como un “conversador excepcional, ingenioso, apasionado, de exquisitas maneras y extremada cortesía, y una inolvidable gentileza en el trato.”
Berlin frecuentaba Saint Anthony mientras se construía el Wolfson College, del que sería presidente entre 1967 y 1975, y donde se produjo su encuentro con Henry Hardy, su albacea literario, que nos honra hoy con su presencia.
Yo no he tenido, desafortunadamente, la ocasión de conocer a Berlin, como algunos políticos norteamericanos, ingleses o israelíes que gozaron del privilegio de recibir sus consejos. Tampoco me he embarcado en polémicas con él, al contrario que mi amigo Tony Blair, cuando discrepó de la desconfianza de Berlin en la capacidad de la izquierda política para producir nuevas ideas.
Pero, como la gran mayoría de los liberales de hoy, hago mío lo fundamental de su pensamiento.
Isaiah Berlin fue, sin duda, uno de los más importantes pensadores liberales de la segunda mitad del siglo XX. Fue un historiador de las ideas, aunque su formación, porque estudió Filosofía, le mantuvo siempre en un territorio fronterizo entre la historia, la filosofía y la teoría política y social. Demostró que las ideas son importantes e influyen decisivamente en la conducta de los individuos.
Pero, por encima de todo, el concepto central de toda su obra es la afirmación de que los valores positivos que anhelan los seres humanos no son, todos ellos, compatibles entre sí. Su liberalismo trágico brota de la conciencia de que los más nobles ideales que animan a los hombres, es decir, la justicia, la libertad, la igualdad o la paz, no son alcanzables simultáneamente y a menudo se excluyen unos a otros.
Lo anterior le llevó a formular la idea central de su pensamiento, la de los sus dos conocidos conceptos de libertad, lo que él llamaba “libertad negativa” y “libertad positiva”, así como a extraer de esta convicción, en términos políticos, argumentos poderosos a favor de la libertad de elección y del pluralismo ideológico.
Debo confesar que, como liberal, nunca me gustó la elección terminológica de Berlin, pero por motivos de pedagogía política. La libertad que a los liberales nos gusta, es decir, la libertad buena, es la que Berlin definió como “libertad negativa”, mientras que, por el contrario, calificó de “libertad positiva” a la falsa idea de libertad, utilizada por los enemigos de la libertad genuina como una inmensa trampa encaminada a arrebatárnosla.
A lo anterior se une algo intuitivo: el concepto de libertad me evoca solamente sentimientos positivos.
Gracias a esta comprensión de la incompatibilidad recíproca de los valores, Berlin desenmascaró el fundamento oculto de las sociedades totalitarias. Por el hecho mismo de que los valores están en conflicto entre sí, la idea de crear una sociedad perfecta es imposible.
Berlin demostró que ese concepto de “libertad positiva” es la esencia de todas las teorías políticas emancipatorias, de la socialista a la comunista, porque todas estas teorías quieren utilizar el poder político para “liberar”, liberar entre comillas, a los seres humanos.
Esa idea, la de que el hombre puede estar alienado de sus verdaderas necesidades y su verdadero yo, y que ha de ser reeducado por el Estado y obligado a ser libre, es la base de todas las tiranías totalitarias.
De acuerdo con Berlin, liberar al hombre significa algo muy distinto: significa liberarle de obstáculos, como los prejuicios, la tiranía o la discriminación, para ejercer su propia y libre elección.
Ahí está la raíz de su rechazo a cualquier utopía social, y su lúcida autopsia del comunismo, que Berlin definió como “una fe cuasirreligiosa, ardiente y sectaria” que “niega que los diversos ideales de vida” no puedan ser “totalmente reconciliables entre sí”.
Berlin, Aron, Tocqueville y Friedman se ocuparon de sacar a la luz la podredumbre ideológica del socialismo real. El derribo del Muro de Berlín se encargó de certificar la defunción de ese entramado ideológico y político.
Porque la libertad, la igualdad y la fraternidad, los lemas supremos de la tradición emancipadora desde la Revolución Francesa, eran, según demostró Berlin, ideales “hermosos pero incompatibles entre sí”. El comunismo había heredado este credo y los “ingenieros del alma humana” de Stalin intentaron, de acuerdo con él, moldear a los seres humanos en formas idénticas.
El rechazo de cualquier utopía social que pretendiera imponer por la fuerza la reconciliación de valores humanos mutuamente incompatibles le valió a Berlin el resentimiento de la izquierda de su época, que le tachó de “inmigrante blanco” y de “cazador anticomunista de brujas”.
Obviamente, esto no le inhibió a la hora de ofrecer su apoyo a los disidentes de los regímenes de la Europa del Este, o de abstenerse de emitir condenas de la intervención de la administración Kennedy en Cuba, tan de moda entre la izquierda estadounidense, alegando “que a Castro le importan tan poco las libertades civiles como a Lenin y Trotski”.
A mí siempre me atrajo de Berlin su énfasis en la división propia del ser humano, desgarrado en el conflicto recíproco entre los fines y objetivos que los hombres persiguen.
Berlin hizo de esta escisión humana, interior y exterior, el fundamento mismo de un sistema de gobierno liberal.
Nunca se subraya suficientemente su idea de que una sociedad libre es una sociedad buena porque acepta el conflicto entre los bienes humanos y mantiene, a través de sus instituciones democráticas, el foro en que dichos conflictos pueden desenvolverse pacíficamente.
En estos tiempos que corren en España, Berlin asistiría atónito a hechos tan insólitos como que los que los políticos que se proclaman de izquierdas hayan iniciado una cruzada contra el principio de igualdad y hayan triturado el principio de solidaridad.
Se aprueban Estatutos de autonomía que reinstauran los privilegios territoriales y aniquilan el principio de igualdad de derechos ante la Ley de los ciudadanos en una misma Nación.
Se hace volar por los aires un Plan Hidrológico Nacional que busca garantizar la solidaridad y, en su lugar, se prefiere que el agua acabe en el mar, poblando simultáneamente el litoral español de fábricas productoras de dióxido de carbono, al tiempo que se erigen ellos mismos en adalides de la lucha contra el cambio climático y aspiran a repartir carnés de ecologistas en régimen de monopolio.
Se crean Agencias Tributarias regionales encaminadas a evitar la redistribución de la renta a favor de quienes menos tienen.
Estos ataques a la igualdad y a la solidaridad en España no se han hecho, siquiera, en defensa de la libertad. Porque estrechar la mano que acaba de apretar un gatillo y negociar políticamente con terroristas que ponen encima de la mesa su pistolea humeante no es otra cosa que sacrificar el valor supremo de la libertad.
Quién les iba a decir a los antiguos socialistas o progresistas antiguamente españoles y hoy digamos sumidos en la pluralidad, que al final las grandes ofertas las iban a encontrar en las viejas prácticas caciquiles de Romero Robledo o del conde Romanones o de tantos otros, o en la compra de votos.
Berlin creía en el papel decisivo del individuo en los procesos históricos. Para Berlin, la función del conocimiento histórico es delimitar el espacio exacto del que disponían los actores históricos para actuar, entender cómo y para qué utilizaron su libertad y valorar sus actos según el criterio de las alternativas reales que en ese momento estaban a su alcance.
Ejercicios de utilización política de la historia, como el perpetrado por la Ley de Memoria Histórica, hubieran sido, lógicamente, desaprobados por Berlin.
La implicación política de la argumentación de Berlin es, en consecuencia, que la sociedad de individuos e instituciones libres depende de la responsabilidad individual y de la libre elección.
Para un político liberal es esencial transmitir a los ciudadanos que cada individuo es libre y responsable, con capacidad de ejercicio moral, y que su libertad es su mayor tesoro.
La atracción de la teoría determinista, que sostiene que dependemos de fuerzas supuestamente más poderosas y de que otros pueden decidir por nosotros mejor que nosotros mismos, acecha en el deseo de eludir nuestra responsabilidad, aun a costa de renunciar a nuestros derechos.
El hecho de que los ideales humanos puedan ser recíprocamente incompatibles no significa para Berlin que debamos desesperar y declararnos impotentes.
Significa, por el contrario, que debemos tomar conciencia de la importancia de la libertad de elegir. Los argumentos a favor de la responsabilidad y de la libertad de elección son irrefutables razones para comprender que la tolerancia y el pluralismo político constituyen, más que imperativos morales, necesidades prácticas para la supervivencia de los hombres.
Estoy seguro de que en este tema, tan importante, se profundizará y se discutirá de ello en las conferencias y mesas redondas de estas jornadas.
Para finalizar esta presentación, me gustaría subrayar –aunque creo que de ello tratará por extenso y mucho mejor que yo Henry Hardy en su conferencia sobre “La ciudadela interior de Berlin”- dos circunstancias que marcaron la vida y la obra del historiador británico: su encuentro con disidentes rusos, y su condición de exiliado.
Berlin persistió en una lucha titánica, que se convirtió en su modo de vida, para poner paz entre sus tres identidades aparentemente imposibles de conciliar: rusa, inglesa y judía.
Digo aparentemente, porque, como el mismo solía afirmar, lo que más le conmovía era la posibilidad de contrastar continuamente el carácter eslavo que poseía como herencia -“abierto, apasionado, espontáneo y ancho”- con el occidental que adquirió –“seco, calculador, inhibido y refinado”-, reconociendo que esto era algo sólo posible para los exiliados.
La condición de extranjero en Inglaterra, donde llegó con sus padres en 1921, contribuyó decisivamente tanto a la originalidad de su pensamiento como a su moral intelectual, fundamentada en el empirismo británico. En su condición de expatriado, hizo de Gran Bretaña la nación-arquetipo de tolerancia y civilidad que constituyó su ideal de vida. A ello, hay que añadir su condición judía, que determinó uno de los dilemas centrales de su vida: cómo armonizar el sentido de dignidad con el anhelo de arraigo.
Berlin eligió el exilio exterior, a diferencia de Boris Pasternak y Anna Ajmatova, dos grandes disidentes del totalitarismo comunista, a quienes conoció en 1946, en Leningrado, que habían optado por el exilio interior en el amor de su lengua materna y de una Rusia desaparecida en la Revolución de Octubre. Su visita a Rusia le permitió encontrarse de nuevo con la cultura de su infancia, a la vez que le dio la posibilidad de conocer a los dos mayores disidentes rusos.
El encuentro con ellos fortaleció su anticomunismo, que no fue ya sólo el rechazo de una utopía deletérea, sino una declaración de lealtad perpetua a la disidencia. Pasternak y Ajmatova le demostraron que el genio individual puede florecer en la resistencia contra la más extrema de las dictaduras totalitarias.
Durante estas Jornadas en Madrid y Barcelona se hablará mucho de la actualidad de las ideas de Isaiah Berlin y de la necesidad de desarrollarlas, de volver a pensarlas de cara al futuro. Yo quisiera concluir recordando aquellos versos del epitafio que el poeta irlandés Yeats escribió para Jonathan Swift, y que Michael Ignatieff aplicaba con envidiable exactitud al nuestro pensador:
Imítale si es que puedes,
Viajero ahíto de mundo;
Sirvió a la humana libertad.
Fuentes: Libertad Digital Fundación FAES
La mitad de nada
28/01/2008
He encontrado un nombre para mi novela. Se llamará La mitad de nada.
Con el nombre decidido, esta bitácora, y su nombre, me resultan muy incómodas. Por eso he creado una nueva en Blogger. Su dirección es esta. Su nombre es, por supuesto, La mitad de nada.
Y sí, sé que la mitad de nada es un número infinito, y que copiar el contenido de la bitácora anterior en la nueva es un coñazo, pero el trabajo ya está hecho.
Evaluación de mi proyecto de novela
25/01/2008
I. De dónde vengo
Quiero escribir una novela. De entre todos los géneros y estilos posibles, decido escribir una novela negra de corte clásico contada en primera persona desde el punto de vista del protagonista, que sería un detective privado.
Para encontrar un tema, pienso en lo peor que le puede suceder a un ser humano, y lo convierto en el centro del proyecto.
Lo peor que puede sucederle a un ser humano es que uno de sus padres abuse sexualmente de él siendo niño. No soy capaz de imaginar nada más terrible, tampoco he leído o visto nunca algo más terrible.
Así nace el argumento general de mi novela, la primera idea: un hombre contrata a un detective privado. El detective, mientras trabaja en el caso, descubre que: A. Su cliente tiene una hija con la que no tiene ninguna clase de relación desde hace al menos diez años y cuyo paradero actual no conoce; B. Que la hija odia tanto a sus progenitores que ha cambiado su nombre, aunque no de manera oficial, y no desea volver a verlos ni saber nada de ellos nunca más; C. Que la hija tiene graves problemas psicológicos/psiquiátricos.
El padre se entera accidentalmente del paradero de la hija y comienza a acosarla. El detective descubre que su cliente violó a su hija cuando ésta era pequeña, con ocho, tal vez nueve años, y se enfrenta a su cliente porque se siente utilizado. El cliente trata de abusar sexualmente de nuevo de su hija.
Este es el esqueleto de la novela. Hay que llenarlo con una trama interesante y unos personajes atractivos con problemas o relaciones que puedan evolucionar en argumentos secundarios paralelos al principal.
Personajes. El detective convive desde hace unos pocos años con una chica que actualmente tiene dieciséis años y que se convirtió en su amante cuando tenía trece. La relación entre ellos no es de igual a igual, ni fácil en el día a día. No es una decisión caprichosa. Quiero que el detective, que se ha acostado al menos con una niña de trece años que ahora es una adolescente, sea incapaz de reconocerse a sí mismo como un monstruo y, en cambio, sí hacerlo con su cliente. Son casos distintos pero similares ante los que el protagonista reacciona de un modo completamente opuesto.
Personajes. La esposa del cliente. Hedonista, preocupada únicamente de sí misma y de su posición social. Sabía lo que su esposo le hizo a su hija. Lo consintió, o al menos no lo delató ni denunció ni hizo nada para evitar las visitas nocturnas que su esposo le hacía a la niña. Tiene una grave enfermedad mental, sufre un enorme deterioro físico.
Personajes. La niña violada es ahora una adulta con gravísimos problemas emocionales, incapaz de relacionarse normalmente con nadie. Aterrorizada cuando descubre que su padre la ha encontrado, ataques de pánico y ansiedad que la incapacitan. Tiene una amiga que conoce su historia y se ha comprometido a protegerla de todo mal, ayudándola en todo lo que pueda. No es una terapeuta profesional, sólo alguien con muchos problemas propios que intenta olvidar su situación personal volcándose en los problemas de otra persona.
También necesito un lugar y una época concretas para contar mi novela.
En cuanto al lugar, será una ciudad imaginaria que ronde el millón de habitantes, una ciudad vieja con un pasado esplendoroso y un presente incierto. Voy a llamarla Calima, y estará basada parcialmente en Sevilla, el lugar donde vivo, y Málaga, el lugar donde me gustaría vivir.
En cuanto a la época, no lo tengo claro. Podría ser un momento entre los años 70 y el mes que viene. Me atrae especialmente la posibilidad de contar esta historia a principios de los años 90, justo antes de que hubiera teléfonos móviles, ordenadores en casi todas las casas e internet, pero también los 70, con el muro de Berlín aún en pie, el mundo dividido en dos bloques, misiles nucleares apuntando a todo el mundo, una constante sensación de terror porque el fin del mundo puede ocurrir en cualquier instante, y la inexistencia o el desconocimiento de la enfermedad que conocemos como SIDA.
Añado al argumento un accidente de tráfico que sufre la esposa del cliente, una carta anónima que no tiene sentido, infidelidades varias, un patriarca cabrón y protector forrado de pasta (el padre de la esposa), un juez jubilado que chantajea al detective privado, una amiga del instituto de la amante adolescente del detective, un sacerdote que se preocupa demasiado por los demás, una ONG, un sindicalista ambicioso capaz de cualquier cosa para cambiar el mundo según su ideología, algunas personas con problemas económicos, una pareja de drogadictos que están saliendo y entrando en prisión cada pocos meses, un colega del detective que le ha conseguido consigue un trabajo a tiempo parcial como guardaespaldas…
A continuación creo un esquema muy sencillo que me sirva de guía para trabajar en mi novela. El esquema divide la historia en siete capítulos o bloques. Cada uno de ellos indica un hallazgo importante en la investigación del detective privado, o un cambio profundo en las relaciones que mantienen entre sí los personajes de la novela. Su función es ayudarme a desarrollar y escribir el argumento y la novela, pero me preocupa la posibilidad de acabar teniendo una novela demasiado lineal si lo utilizo demasiado, así que el esquema de la novela se convierte en un instrumento que me ayuda a escribir, y ya pensaré en su estructura real más adelante.
II. Dónde estoy
Antes de pensar lo que quería escribir adopté un sistema/estrategia/plan para escribir mi novela. Está dividido en dos fases. La fase dos es redactar la novela. La fase uno es preparar exhaustivamente la redacción de la novela. No comenzaré la fase dos hasta que no haya cerrado la fase uno.
Todo lo que conté en la primera parte de esta autoevaluación es parte de la fase uno. Aún me queda desarrollar completamente el argumento de mi novela, trabajar más en el desarrollo de los personajes y documentarme sobre algunas elementos, lugares y hechos que reflejaré en mi novela.
El argumento es lo que sucede en la novela, diga lo que diga la Wikipedia. Antes he hablado del tema de mi novela y de lo que va a suceder en ella brevemente. Así trabajo: tengo una idea y entonces me concentro en ella y lo que apenas es un esbozo le añado detalles, muchos, muchos, muchos detalles, detalles de todas clases, tales como conversaciones, lugares, hechos, relaciones entre los personajes, descripciones, estados de ánimo y muchas otras cosas, y entonces exploro las distintas alternativas y voy viendo si algo puede funcionar o no en lo que quiero contar, si es válido para mi historia, o es algo secundario o algo que puede estar bien o ser bonito pero sobra en mi novela porque no aporta nada. Así, cuando termine y haga todo esto con todos los capítulos que tendrá mi novela, tendré una mininovela con todo lo que va a suceder, con todo lo que van a hacer o decir los personajes, con todos los lugares donde sucederán las cosas. Puede llamarse versión alfa de la novela, siguiendo una analogía informática.
Personajes. Lo que distingue una novela buena de una mala son los personajes. Son más importantes que el argumento de la novela. Necesito dotar a mis personajes de personalidades particulares y claramente diferenciables, saber cuál es su pasado para que actúen de un modo coherente en mi novela, conocer todas las relaciones existentes entre los personajes y ver cómo se influencian los unos a los otros. Es imprescindible que los trate y haga evolucionar como si fuesen personas reales, debo adaptar el argumento a los personajes, y viceversa, para contar de un modo creíble lo que quiero contar. Debo hacerlo antes de escribir la primera palabra.
Documentación. Debo investigar para hacer más creíble mis personajes y mi argumento.
La esposa del cliente, por ejemplo, tuvo un accidente de tráfico del que aún no se ha recuperado cuando comienza la novela. ¿Cómo ocurren los accidentes, qué lesiones son las más comunes? También sufre una enfermedad mental, alguna clase de psicosis paranoica: ¿qué son esa clase de dolencias, cómo surgen, qué tipo de personas tienen estas enfermedades, por qué, cómo se diagnostican, cómo se tratan, se curan parcial o completamente, en cuánto tiempo?
El cliente viola a su hija cuando ésta es una niña pequeña. ¿Qué son exactamente los pederastas, nacen o se hacen, cómo escogen a sus víctimas, por qué sienten esos impulsos, cómo puede llegarse al extremo de que un padre viole a su hija pequeña? Y en lo que respecta a la víctima, ¿qué secuelas tienen esos actos en ella a lo largo de su vida, cómo son sus relaciones personales y sexuales cuando ya es adulta?
Hay un millar de cosas que necesito saber antes de escribir una sola palabra, antes de establecer definitivamente cómo serán los personajes y cuál el argumento completo, detallado, definitivo de mi novela.
La buena documentación nunca se notan, o eso dicen.
En estos momentos me estoy documentando sobre algunas enfermedades psiquiátricas leyendo un par de libros especializados. Uno de ellos, un manual de medicina puro y duro, no me está sirviendo de gran ayuda porque no tengo los conocimientos mínimos suficientes para entenderlo todo, pero algo voy sacando de él. El segundo libro es más divulgativo que especializado, y he aprendido mucho de él, tanto de los enfermos como de los médicos que tratan esas enfermedades.
También me estoy documentando sobre accidentes de tráfico usando estadísticas, informes y videos oficiales, así como con conversaciones con amigos y conocidos que han tenido accidentes de cierta gravedad. Ya casi he decidido cómo será el accidente de tráfico que sufrirá la esposa del cliente en mi novela, en qué circunstancias ocurrirá, cuáles serán las causas, y qué consecuencias físicas y anímicas tendrán tanto en la accidentada como en las personas que la rodean.
En estos momentos estoy desarrollando el primer bloque o capítulo de mi esquema de trabajo previo: el detective es contratado por el cliente. Aquí está resumida la primera versión de esta parte de mi novela. Aquí está la segunda versión resumida. Habrá más, y cada una de ellas añadirá una mayor cantidad de detalles a la historia, y repetiré el mismo trabajo con todos los capítulos o partes en que he dividido mi historia para desarrollarla con facilidad.
En estos momentos estoy trabajando en el pasado de los personajes: el detective, su cliente, la amante del detective. Probablemente lo que establezca para sus pasados no saldrá a la luz en la novela, pero creo que de este modo conseguiré hacerlos más creíbles y ricos.
III. Adónde voy
Las próximas dos semanas podré dedicar mucho tiempo a este proyecto, si no hay cambios de ultimísima hora o sorpresas en mi vida. Odio las sorpresas, incluso las positivas.
Pretendo cerrar al fin el primer capítulo y avanzar mucho en el argumento de los dos siguientes.
Pretendo desarrollar un poco más los personajes que aparecen en los siguientes capítulos: la esposa, su padre, la amiga de su hija, varias amistades de la amante del detective, unos cuantos abogados, un par de policías, el juez jubilado…
También quiero decidirme de una vez por la época concreta en que situaré mi novela. Es necesario saberlo a la hora de dotar de detalles más exactos en el argumento y en los personajes: modelos de coches, costumbres sociales, programas de televisión y radio, música de moda, películas, bares, discotecas, bancos, actividades económicas, ocupaciones laborales…
En este informe de evaluación dividido en tres partes (aquí está la primera, y aquí la segunda) referido a mi proyecto de novela reflejo actividades y trabajos realizados que no se encuentran reflejados en esta bitácora. Intentaré que esto no vuelva a ocurrir, escribiré mucho más sobre el proceso de escritura aquí.
Estas anotaciones son un sistema de control de mi trabajo. Teniendo en cuenta las horas que le he dedicado y cuánto lo he desarrollado, debo calificarme con un insuficiente. Debería haber avanzado más.
He tardado un poco en contestarte porque dos años y medio son mucho tiempo, pero casi estoy seguro de que tus pechos nunca han sabido a jamón y a tortilla de patatas. Déjame explicártelo cronológicamente.
En primer lugar estaban tus pechos originales, los que tenías cuando nos conocimos en el 92 y que, supongo, empezaron a salirte cuando alcanzaste la pubertad. No sé cómo serían antes de la primavera del 93, que fue cuando los conocí de primera mano, pero a mí me parecieron perfectos y preciosos, a juego con el resto de ti (en aquel momento, claro). Sí, obviamente eran pequeños, casi muy pequeños, pero también encantadores, con todas aquellas pecas tuyas y las venitas azules que les daban una personalidad hiperbórea propia y los pezones con ese color tan atractivo que nunca he sabido nombrar adecuadamente y que nunca he visto en otro lugar o persona. Aquellos pechos no sabían a jamón ni a tortilla de patatas, sino más bien a frambuesa y vainilla, porque tú siempre has olido y sabido más a frutas que a carne muerta y raíces mezcladas con huevos.
Después aparecieron tus pechos falsos, esos que encontraste un día tirados en la calle, metiste en el bolso sin saber muy bien qué ibas a hacer con ellos y acabaron entre tu cuello y tu estómago tras pasar por una clínica de estética. No tengo nada contra los pechos falsos, contra las mujeres que se los implantan ni contra ti, pero pasada la novedad, siempre sospeché de ellos y me parecieron que tú eras un ente vivo y tus senos eran otra cosa, un bicho que se te había pegado, tipo alien o yo mismo. ¿Recuerdas cómo al principio de tenerlos te cabreaba muchísimo que no te mirara nunca a la cara cuando hablábamos? Era mi modo de adaptarme a ellos, igual que tú, por ejemplo, tuviste que renovar tu vestuario parcialmente: me adaptaba a ellos igual que tú pero a mi manera: con la vista, con el gusto, con el tacto y, te juro que eso jamás lo habría imaginado antes, con el oído, porque cuando se movían arriba y abajo o se rozaban entre sí hacían un ruidito muy característico en ocasiones. Por lo que recuerdo, y ten en cuenta que a estos los conocí mucho menos tiempo que a los otros, los nuevos no sabían a nada, pero seguían oliendo bien.
(Nunca me gustaron, ya lo sabes, pasada la novedad. Son voluminosos, anormalmente firmes, las pecas y las venitas siguen ahí, aunque desplazadas de sus lugares de origen, y tus pezones siguen seguían teniendo el mismo color, aunque se habían vuelto desproporcionados con respecto a la masa que los rodeaba).
No sé quién te ha dicho que saben a jamón y tortilla de patatas, pero creo que deberías dejar de ver a esa persona porque:
- Es un mentiroso, y si te miente sobre el sabor de tus pechos, no puedo imaginar sobre qué otras cosas lo hará, e incluso si alguna vez te ha dicho algo que fuera cierto.
- Es idiota. Sólo un idiota podría decirle a una mujer una frase tan idiota sacada de una película idiota. Seguro que tu novio vio la película hace poco o se ha acordado de ella con toda la publicidad que le están haciendo aquí a Bardem, y te la ha soltado en un momento de intimidad para que creyeras que es alguien original, imaginativo, graciosillo, cinéfilo o qué sé yo.
No hay lo que hay que tener para preguntarme por el sabor de tu sexo.
Cosas pendientes
23/01/2008
- Por qué la última caja con grabaciones de Miles Davis que publicó Columbia, The Complete On the Corner Sessions, es, sin duda, la peor de la serie que esta discográfica lleva años publicando (respuesta: es que es el peor disco de Miles, y mira que a mí, al contrario que otros fanáticos del trompetista, su etapa eléctrica -Bitches Brew, In A Silent Way, Live/Evil, Jack Johnson…- me gusta bastante).
- Por qué a Manolo Jiménez, entrenador del Sevilla , deberían haberlo devuelto al segundo equipo en noviembre (en realidad jamás debería haber sustituido a Juande Ramos, pero eso ya queda un poco lejos en el tiempo).
- Las distintas versiones del desarrollo del argumento de mi novela que voy escribiendo y desechando por distintos motivos, casi todos relacionados con el “esto me suena haberlo leído en alguna parte alguna vez”.
- Los premios Grammy y el Jazz : mis favoritos, por qué se lo va a llevar Herbie Hancock y no Kurt Elling o Eldar en las dos categorías que va a ganar, y lo divertida que es la portada del disco de Patti Austin. Sobran algunos discos, faltan al menos dos.
- Charles Mingus en directo con Eric Dolphy en 1964 en Cornell : sin duda uno de los ciinco mejores disco de jazz que haya escuchado nunca.
- Cómo saber que tu hija adolescente de catorce años se ha echado novio (caso práctico ocurrido a la madre de un amiguito de Lale Skywalker).
- Dexter: cómo estropear una serie con el sexo.
Dita y Cointreau
18/01/2008
“What would you do if you knew that this was the last night of the world?”
“What would I do? You mean seriously?”
“Yes, seriously.”
“I don’t know. I hadn’t thought.”
He poured some coffee. In the background the two girls were playing blocks on the parlour rug in the light of the green hurricane lamps. There was an easy, clean aroma of the brewed coffee in the evening air.
“Well, better start thinking about it”, he said.
“You don’t mean it!”
He nodded.
“A war?”
He shook his head.
“Not the hydrogen or atom bomb?”
“No.”
“Or germ warfare?”
“None of those at all”, he said, stirring his coffee slowly. “But just, let’s say, the closing of a book.”
“I don’t think I understand.”
“No, nor do I, really; it’s just a feeling. Sometimes it frightens me, sometimes I’m not frightened at all but at peace.” He glanced in at the girls and their yellow hair shining in the lamplight. “I didn’t say anything to you. It first happened about four nights ago.”
“What?”
“A dream I had. I dreamed that it was all going to be over, and a voice said it was; not any kind of voice I can remember, but a voice anyway, and it said things would stop here on Earth. I didn’t think too much about it the next day, but then I went to the office and caught Stan Willis looking out the window in the middle of the afternoon, and I said, A penny for your thoughts, Stan, and he said, I had a dream last night, and before he even told me the dream I knew what it was. I could have told him, but he told me and I listened to him.”
“It was the same dream?”
“The same. I told Stan I had dreamed it too. He didn’t seem surprised. He relaxed, in fact. Then we started walking through the office, for the hell of it. It wasn’t planned. We didn’t say, Let’s walk around. We just walked on our own, and everywhere we saw people looking at their desks or their hands or out windows. I talked to a few. So did Stan.”
“And they all had dreamed?”
“All of them. The same dream, with no difference.”
“Do you believe in it?”
“Yes. I’ve never been more certain.”
“And when will it stop? The world, I mean.”
“Sometime during the night for us, and then as the night goes on around the world, that’ll go too. It’ll take twenty-four hours for it all to go.”
They sat awhile not touching their coffee. Then they lifted it slowly and drank, looking at each other.
“Do we deserve this?” she said.
“It’s not a matter of deserving; it’s just that things didn’t work out. I notice you didn’t even argue about this. Why not?”
“I guess I’ve a reason”, she said.
“The same one everyone at the office had?”
She nodded slowly. “I didn’t want to say anything. It happened last night. And the women on the block talked about it, among themselves, today. They dreamed. I thought it was only a coincidence.” She picked up the evening paper.
“There’s nothing in the paper about it.”
They moved through the house and turned out the lights and went into the bedroom and stood in the night cool darkness undressing and pushing back the covers. “The sheets are so clean and nice.”
“I’m tired.”
“We’re all tired.”
They got into bed and lay back.
“Just a moment”, she said.
He heard her get out of bed and go into the kitchen. A moment later, she returned. “I left the water running in the kitchen sink”, she said.
Something about this was so very funny that he had to laugh.
She laughed with him, knowing that it was what she had done that was funny. They stopped laughing at last and lay in their cool night bed, their hands clasped, their heads together.
“Good night”, he said, after a moment.
“Good night”, she said.
Como todo el mundo sabe, este relato de Ray Bradbury se publicó por primera vez en la revista Esquire en 1951, y puede encontrarse en su libro The Illustrated Man.
Hace un rato me he dado cuenta de que no estoy reflejando en la bitácora cómo avanza la novela que estoy escribiendo, lo que me preocupa porque el sentido y función de este lugar era reflejar el proceso de escritura desde su concepción hasta su finalización.
Para compensar un poco mi dejadez, aquí dejo una muestra de cómo está evolucionando el capítulo primero, o bloque 1, que es como pienso en él, de mi novela:
Versión 1 del argumento del Bloque 1
El detective privado Alejandro Babel recibe en su despacho al empresario Ramón Escudero, que le pide que supervise la investigación judicial de un accidente de tráfico sufrido por su esposa seis meses antes y del que aún no se ha recuperado. A Babel le parece un trabajo extraño que normalmente rechazaría, pero en esta ocasión no puede hacerlo porque Escudero ha ido a visitarlo aconsejado por un viejo conocido del detective, un juez jubilado llamado Gregorio Castro.
Después de almorzar fuera de casa, el detective acude a casa del juez Castro para contarle todos los detalles de su reunión con Escudero y proporcionarle una grabación en audio de toda la entrevista que Babel hizo sin que lo supiera su nuevo cliente. El juez está chantajeando al detective para que haga esto, y no le ha dicho por qué le interesa tanto lo que el empresario pueda querer de él. Alejandro Babel sabe que está jodido, que se ha encontrado en una situación de la que no puede salir bien parado, aunque no tiene ni idea de cómo acabará todo el asunto: o bien acaba causando alguna clase de daño, directa o indirectamente, a su cliente, o bien se hará público que ha traicionado la confidencialidad que debe a éste, lo que significaría el fin de su carrera profesional y, probablemente, la pérdida de la licencia y una pequeña temporada en prisión.
Versión 2 del argumento del Bloque 1
Alejandro Babel, un detective privado independiente, recibe en su despacho a primera hora de la mañana al empresario Ramón Escudero, que quiere contratarlo para que revise en busca de errores, agujeros negros y conclusiones alternativa plausibles distintas de la oficial la investigación de un accidente de tráfico sufrido por su esposa, Candelaria DePuy, unos meses atrás. Ella sufrió unas graves heridas de las que aún no se ha recuperado, tal vez nunca lo haga, una amiga suya murió decapitada, y una tercera, embarazada, perdió a su hijo. Todos los indicios y pruebas llevaron al juez a dictaminar que el accidente fue causado por un descuido de la conductora, la señora DePuy, pero ésta no lo acepta, y acusa a su marido de haber provocado el accidente para asesinarla. La mujer parece obsesionada con ello, los médicos achacan esa fijación a una psicosis acentuada por el traumatismo craneoencefálico del accidente, la psicosis va a peor, y sus médicos le han planteado la posibilidad de usar tratamientos radicales, consistentes en algunas sesiones de electroshocks y en el uso de algunas nuevas drogas que, al tiempo que la curarán, probablemente también destruirán su personalidad. Ramón Escudero no quiere que eso ocurra, está desesperado por encontrar una solución distinta a la propuesta por sus médicos, y se le ha ocurrido apelar a la razón contratando al detective privado, que no tiene ninguna relación con él, para que demuestre a su mujer que el juez tenía razón y que, lamentablemente, ella fue la causante de su accidente.
Alejandro babel no ha escuchado antes una mayor colección de tonterías en boca de un posible cliente, cree que es un trabajo estúpido y que tratan de engañarlo o de utilizarlo de alguna manera que ahora no puede imaginar. En circunstancias normales rechazaría el trabajo y aconsejaría al empresario que se hiciera examinar por los médicos de su mujer, pero acepta el trabajo de todas formas.
Unas horas más tarde acude a casa del juez jubilado Gregorio Castro, el hombre que le recomendó a Escudero que lo contratara para hacer ese trabajo. El detective privado y el juez se conocen desde hace al menos quince años, y su relación nunca ha sido buena. Sin que su cliente lo supiera, Babel grabó su reunión con Ramón Escudero, y junto a Castro revisan y comentan la entrevista. Al juez también le parece absurda la historia de Escudero y su esposa, de la que estaba al tanto, hace algunos comentarios sobre el matrimonio y sus actividades, responde algunas de las preguntas que le hace el detective, y finalmente le ordena que haga un buen trabajo y lo mantenga informado de cualquier cosa que haga y descubra para él, quiero saberlo todo antes que Escudero, y si descubre que no es así, amenaza al detective. Babel le pregunta por qué le interesa tanto Escudero y lo que quiera o necesite de él, pero no obtiene ninguna respuesta.
Cuando regresa a casa, Siria, la chica con la que vive, le pregunta cómo ha ido todo. El detective privado prefiere no hablar del tema. Está jodido y asustado, piensa que ocurra lo que ocurra, finalemente acabará pagando de una u otra forma la manera en que ha traicionado la confianza de su nuevo cliente y la confidencialidad de su relación laboral.
Bien, pero estas versiones están bastante desfasadas con respecto al trabajo que estoy haciendo con mi novela, porque estoy con una versión más desarrollada de este bloque y con un par de cambios importantes con respecto a estos textos. Debo hacer menos anotaciones ajenas a la novela y concentrarme en ésta.




