Detective privado
03/03/2008

No he leído muchas novelas de género negro o policíaco (no es lo mismo, sólo tienen algunas características comunes) en la que se explique por qué un policía o un detective privado ha escogido esa profesión que muy pocas personas, llegado el momento de elegir una, escogen. No es un dato que normalmente sea importante para la novela porque a menudo se pone más interés en las tramas que en la caracterización de los protagonistas (sí, hay excepciones, y esas excepciones son, no por casualidad, escritas por las mejores plumas del género), pero yo siempre echo de menos esa información.
Cuando empecé a escribir mi novela, supe desde el principio que sería una novela muy negra, que tendría unas 300 páginas y que estaría protagonizada por un detective privado, en homenaje a los clásicos literarios y cinematográficos que tanto me gustan. Durante mucho tiempo trabajé en ella concentrándome sólo en el argumento, con vistas a tener una historia muy general de todo lo que iba a contar y que me permitiese evolucionar mi proyecto hacia lo que tenía en mente antes de empezar. Dejé de lado a los protagonistas, apenas eran cuatro esbozos que me permitían hacer avanzar la trama, y reconozco que me obsesioné tanto con el argumento que tardé demasiado en darme cuenta de lo mal que estaba encarando mi novela: si creaba los personajes únicamente en función del argumento, si los dotaba únicamente de una personalidad y uso intereses destinados exclusivamente a encajar y hacer avanzar mi historia en la dirección que yo necesitaba, iba a acabar con una historia falsa, con todos los acontecimientos demasiado forzados, inverosímiles, y unos personajes planos, unidimensionales, estereotipados, aburridos y poco interesantes.
En definitiva, estaba escribiendo la clase de novela de la que estoy harto y que me condujo a escribir la mía.
Así fue como decidí dar más importancia a los personajes desde el principio, y ya me ocuparía después de la historia que los haría interactuar entre sí. Debía establecer cómo eran físicamente, qué cosas les gustaban, qué querían, qué odiaban, qué necesitaban, qué debilidades tenían, qué cosas les obsesionaban, qué comían, dónde lo hacían, cómo se vestían, dónde y cómo se divertían, con quién se acostaban y por qué, cómo se ganaban la vida… Muchos de estos datos no estrán explícitamente en la narración final, pero haciendo tal cosa creo que haré personajes más interesantes para mi novela, tendrán un pasado que les ha conducido hasta el momento en que comienza la narración y que determinará en gran parte lo que sientan y lo que hagan frente a los acontecimientos que ocurrirán.
Por todo esto, si mi protagonista y narrador va a ser un detective privado, nesecitaba saber por qué se hizo detective privado.
Me gusta mucho que el padre de mi protagonista fuese policía y tuviera un papel principal en la elección profesional de éste. Imagino al padre como un buen policía, nada de corrupciones ni de problemas con drogas, alcohol, prostitución o robos, nada de gatillo fácil, sólo un policía corriente, con problemas habituales, que cumple con su trabajo según las leyes. ¿Hay algo más revolucionario en una novela de este género que un policía que sea una persona normal? Mi protagonista, bajo la influencia de su padre, decide estudiar derecho para convertirse en juez o fiscal, así es de ambicioso el chaval, así de claro lo tiene, y al acabar la carrera, gracias a algunos contactos de su padre, logra entrar como becario/pasante en un prestigioso despacho de abogados, el de Miguel Soria (lo que me recuerda que tengo que hacer y poner en alguna parte una lista de personajes), que es, como mínimo, una persona polémica que fue juez, se interesa a veces por la política, y ha creado una red de empresas diversificadas que lo están convirtiendo en un hombre muy, muy, muy rico, aunque no siempre de manera ética. Su estancia en el bufete es corta, no llega al año, pero lo cambia para siempre: cuando deja el despacho de abogados, antes de tiempo y con malos modos y mucho mal rollo con todo el mundo, estudia criminología, obtiene una licencia de detective privado, y tras pasar cuatro años trabajando para alguna agencia de detectives decide que ha llegado el momento de trabajar sólo para él mismo y monta su minúscula agencia de investigaciones.
Además de enriquecer al personaje, me quito de encima algo que ha pesado mucho sobre mi argumento, ya que debía relacionar a mi protagonista con un abogado que lo chantajea para que traicione la confianza de su cliente, y necesitaba un vínculo entre los dos que no conseguía tener hasta que imaginé este pasado. Sigo sin decidirme por el objeto del chantaje, pero sea cual sea, ahora dispongo de muchas más opciones que antes de establecer que el detective trabajó para el abogado.
Fotografía: Private Eye, de pemmikaani